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jueves, 13 de octubre de 2011

INTRODUCCIÓN A "25 YEARS"


Alguna persona ingeniosa una vez dijo que solamente existen siete historias en todo el conjunto de la literatura autentica, en toda la experiencia humana. Yo creo que como seres humanos tratamos de entender nuestras vidas a través de historias. Pueden ser o no verdaderas, pero nos ayudan a darle un sentido al mundo que nos rodea. Es una maquinaria de significados y escribir canciones es como seguir la pista de hermosos y pequeños tesoros. Tiras de un hilo y el mundo es revelado. Y de repente, dejas de estar solo.

Desde el principio supe que la música era mi amiga. Cuando era niño mi vida familiar a menudo era caótica, así que recurría a la música como método de evasión del mundo. Sin querer ponerme demasiado místico, la música se convirtió en mi vida espiritual. Nunca me siento mejor conmigo mismo que cuando estoy tocando, cuando estoy luchando con un problema musical. Me siento completo en ese momento, y esa es la definición de meditación, entonces yo medito.

No es mi estilo acabar siempre el mismo producto, por ello he dado muchos giros musicales, todos ellos se reflejan aquí. Sin lugar a dudas, he tenido mucha suerte. El gusto popular ha coincidió en la mayoría de ocasiones con lo que a mí me interesaba. Pero no siempre. Yo creo, sin embargo, que sí pones toda tú integridad en todo lo que haces, la gente lo escucha. Ellos aprecian un esfuerzo honesto. Permitirme enfatizar que no me parece que hayan pasado 25 años. Aún siento curiosidad por la música, y aún sigo descubriéndome dentro de ella.

Finalmente, la gratitud es la primera emoción que siento cuando miro hacia atrás. Estoy increíblemente agradecido por la vida que he llevado. Y que sigo llevando, porque mi intención no es la de dejarlo todo pronto. Los próximos 25 años van a ser muy interesantes.

Ganarme la vida con algo tan delicado como la música es un gran honor. Me siento un privilegiado cada vez que leo la palabra “músico” en mi pasaporte. “Profesión: músico”. Para mí es una profesión muy digna. Entregas placer a la gente y recibo un enorme placer por haberme Ganado la vida hacienda eso, un trabajo que haría por nada.

Lo que he aprendido con los años es que los milagros no suceden y que lo que funciona es el progreso: hacer tenaz y determinante el aburrido proceso del día a día. Tienes que seguir trabajando y obtendrás resultados. Cualquier resultado, no importa lo pequeño que sea, merece la pena perseverar. No existen los milagros. Eso no ocurre.

Tienes que hacer todo clase de cosas para liberar el niño que hay en ti. Conservar la alegría de tocar, de estar con otros músicos, inspirándose con ellos.
A lo largo de mi carrera, he trabajado con músicos que eran mucho mejores que yo. Es como en el tenis, no aprendes si la pelota nunca vuelve.

Para mí el elemento más grande en la música es la sorpresa. Me encanta empeñarme en cosas en las que no parece que yo encaje.

Mi padre murió hace 25 años. Cogí sus manos en su lecho de muerte y le dije: “Mira, tenemos las mismas manos”. Y él me dijo: “Sí, pero tú las has usado mejor que las mías” dejándome totalmente consternado, porque era el primer cumplido que me hacía en toda mi vida. Su tiempo fue devastador.
Yo uso mis manos cada noche para tocar, cada día para escribir. Y pienso en todas las esperanzas que mi padre habría puesto en mi aunque fuera de manera discreta. Entonces me pregunto: ¿Habré estado a la altura de las alabanzas de mi padre en estos 25 años?, ¿habré usado bien mis manos?.

jueves, 3 de diciembre de 2009

INTRODUCCIÓN AL ÁLBUM (y 4ª PARTE)


ECOS ANTIGUOS
Implícita en la historia del nacimiento de Cristo está el conocimiento de su muerte y su posterior resurrección. Esto es lo que conecta a las canciones seculares sobre el ciclo de las estaciones. Se nos recuerda de que hay luz y vida en el centro de oscuridad que es el invierno – o por el contrario, que no importa lo cómodos que nos sintamos en la cuna ya que hay oscuridad y peligros que nos rodean.

La calidad mágica de la historia Cristiana no se ve disminuida por el conocimiento de que gran parte del mito de la Navidad parezca haber sido superpuesta sobre una matriz antigua. En todo caso, esos ecos antiguos del solsticio pagano aún reverberan en las historias de espíritus y fantasmas por la cual es famosa la estación.

Nuestros antepasados celebraron la paradoja de la lúz en el corazón de las tinieblas, y el consecuente milagro de renacer y la regeneración de las estaciones. Las culturas antiguas no sólo observaron ese fenómeno, sino que también tomaron un papel activo e imaginativo en propagarlo. El solsticio de invierno necesitó de un ritual para celebrarlo y así el nuevo ciclo de las estaciones pudo comenzar, los cultivos pudieron ser sembrados, los animales administrados y la vida misma pudo proceder. Este imaginativo contrato con la naturaleza se basaba en el corazón de los rituales de invierno y en el corazón del antiguo mito.

Para mí era importante trazar paralelismos entre la historia Cristina y las viejas tradiciones del solsticio de invierno. Estos mitos e historias son nuestra herencia cultural común, y como tal debe ser mantenida con vida a través de la reinterpretación en el contexto del pensamiento contemporáneo, aún cuando ese pensamiento es esencialmente agnóstico. Sin embargo, el misterio en el corazón del cosmos, y de la vida misma, permanece intacto – tal vez sin solución para los seres con nuestro nivel de conocimiento. Mientras tanto, todos necesitamos nuestros mitos para poder vivir.

Como muchas personas, tengo una actitud ambivalente hacia la celebración de la Navidad. Para muchos, es un periodo de intensa soledad y recogimiento. Yo específicamente evité la alegría, casi triunfalista, latente en muchos de los villancicos Cristianos. Hago referencias musicales, “God rest ye, merry Gentleman” es tan sólo un contrapunto dramático a la letra de “Soul cake”, por ejemplo. Esta canción la cantaban en Halloween los niños que iban puerta por puerta pidiendo centavos y “tortas de alma” (lo último no era lo originalmente deseado). También estaba interesado en evitar la intimidad doméstica de las canciones profanas, reconociendo que, para muchos, el invierno es una época de oscuridad e introspección.

Del mismo modo, me sentí atraído por el poema de Robert Louis Stevenson “Christmas at sea” porque describe muy bien la atracción gravitacional de gran alcance que el hogar ejerce en Navidades sobre el viajero. Cuando Mary Macmaster empezó a cantar la canción gaélica “Thograinn thograinn”, una canción femenina de trabajo de la Isla de Skye, pensé que la melodía sería un contrapunto perfecto para el anhelo del marinero de Stevenson, que se encuentra en un barco hundido lejos del pueblo en donde nació, en esta “todos los días de año… bendita mañana de Navidad.

Para todos aquellos con gustos aún más oscuros, “The burning babe”, un poema del siglo XVI del mártir Jesuita Robert Southwell, ofrece una macabra visión que se encontró en una noche de invierno del niño Jesús suspendido en la oscuridad, ardiendo y agonizando por todos los pecados de los hombres. El valor musical es trabajo del cantante tradicional y violinista Chris Woods.

Hubiera parecido extraño no hacer referencia al menos al gran ciclo de canciones de Schubert, “Winterreise”, su magistral meditación de la temporada, y una de las inspiraciones para la presente colección. Me he tomado algunas libertades con la traducción al inglés de “Der Leiermann” en lo que sugiere a los mencionados perros gruñendo que creí podría tener un papel más activo en “The hurdy-gurdy man”. El observador de la canción no sólo mantiene un sentido de la curiosidad y empatía hacia el sujeto pero quizás lo que se contempla es el espectro de su propio futuro.

Por último llega “You only cross my mind in winter” inspirado por una Zarabanda del Sexta Suite pare Cello de Johan Sebastian Bach; no por sorpresa es una historia de fantasmas. Mi otra contribución al disco es también una historia de fantasmas en cierto modo, “The hounds of winter”.

Caminando entre las nieves de invierno, o sentado en trance en una habitación oscura mirando la luz del fuego, por lo general, provoca en mí un sentimiento de reflexión, un estado de ánimo que puede ser a veces filosófico, otras veces salvajemente irracional, me encuentro perseguido por los recuerdos. Porque el invierno es la estación de los fantasmas; y los fantasmas, sí se puede decir que residen en algún lugar, es aquí, en la estación de las heladas, en sus largas horas de oscuridad. Tenemos que tratar con ellos con tranquilidad, civilizadamente, antes del deshielo y de que el ciclo de las estaciones comience de nuevo.
Sting

lunes, 26 de octubre de 2009

INTRODUCCIÓN AL ÁLBUM (3ª PARTE)


LA HISTORIA DE LA NAVIDAD

Desde el primer milenio la festividad de la Navidad se ha convertido en el centro y en el evento definitorio de la estación de invierno; la historia del nacimiento de Cristo contiene algunos elementos mágicos, prefigurada por la Antigua profecía: el Rey Dios nacido en un establo entre animals, la estrella misteriosa de Oriente, los Reyes Magos, el Rey Herodes y la massacre de los inocentes, María y José y el enigma del nacimiento virginal. Aprecio la belleza de esas historias y como ellas han inspirado a músicos y poetas durante siglos. Mi deseo era tartar estos temas con reverencia y respeto, a pesar de mi agnosticismo personal, el simbolismo sagrado del arte de la iglesia sigue ejerciendo una ponderosa influencia sobre mi.

En el léxico del medievo la rosa era un síbolo de la perfección impecable y se asoció con Cristo y su madre María. Dos canciones de esta colección tiene esto como metáfora central, ambas basadas en un versículo de Isaías (“Y saldrá una vara del tronco de Jesse y una rama crecerá fuera de sus raíces”) “Lo how a rose e’er blooming”, una nana alemana del siglo XV, armonízada por Praetorius un siglo más tarde, y “There is no rose of such virtue”, una nana inglés del mismo periodo. Si bien la metáfora es claramente medieval, parece que lleva un débil eco de los espíritus de la naturaleza de la era pre-cristiana. Aunque no caba duda de que habría sido un vínculo inconsciente, el carácter sincrético del simbolismo es a la vez sutil y persistente.

Seleccionando las canciones, me sentí atraído por muchas de las nanas seculares y religiosas tradicionales – de hecho, todas las canciones del album son una especial de canciones de cuna – y empezó a interesarme su doble naturaleza, las canciones de cuna parecen estar orientadas no solo para aliviarnos sino también para perturbar al oyente. Peter Warlock compuso un hermoso scenario para el himno escocés “Balulalow”, una nana que tiene un fin más reconfortante de todo el espectro; pero el pedal mi bemol en contra del modo vocal de los arreglos no está enteramente libre de oscuros presagios. Del mismo modo, “Lullaby to an anxious child”, una de mis propias composiciones junto a Dominic Miller, contiene presagios de un mundo oscuro más allá de la cuna.

Las imágenes de “Gabriel’s message”, originalmente un villancico vasco, es hermoso y aterrador. María, que es – como siempre – descrita como dulce y suave, se enfrenta a la visión de un increible ser con ojos de fuego y alas repletas de nieve… Los María y Jose de “Cherry Tree Carol” son atractivamente humanos en la forma que responden a su inusual situación. En su viaje a Egipto, María, ahora con un hijo, la pide a su marido que recoja cerezas para ella. Con un poco de rabia, José le responde que el padre del niño debería ser quien recogiera las cerezas y no él. Una respuesta tan honesta y emocional es refrescante.

domingo, 25 de octubre de 2009

INTRODUCCIÓN AL ÁLBUM (2ª PARTE)


EL INVIERNO PASADO

Bob trajo partituras de “The cold song”, de Henry Purcell de la semi-opera “King Arthur”, con letra de John Dryden. El “Genio helado” regresó de entre los muertos, empezamos a tocar y en algún lugar de la casa una puerta se cerró de golpe.
Los meses fríos del Hemisferio Norte nos han tocado en gracia a nosotros por la inclinación de la tierra sobre su eje, y ejercen una poderosa influencia en nuestra psicología colectiva. Son parte del mito nuestro preconcebido tanto en el paisaje común de la imaginación como en la realidad concreta de nuestro enterno.

Como todas las criaturas terrenales parecemos reconocer y responder a los arquetipos polares de la luz y la oscuridad, del calor y el frío que están codificados en el ritmo de los días y las noches y el perpetuo ciclo de las estaciones.

Hoy son excepcionalmente fríos pero los inviernos en mi niñez parecían ser mucho más largos y fríos de lo que son ahora. El invierno en este siglo XXI parece apenas comenzar antes de que se haya terminado, las nevadas son poco frecuentes, y cuando ocurre, dura poco.

El calentamiento global está reduciendo el tiempo anual de la estación estival, está probablemente causando estragos en la psique humana al igual que en el ritmo estacional de todo el planeta. Algo importante en este proceso se está llevando de nosotros, porque a pesar de la frecuente contaminación del tiempo y las penurias de todos aquellos que tienen que trabajar fuera, hay algo en el invierno que es primordial, misterioso y absolutamente irremplazable, algo sombrio y a la vez profundamente hermoso, algo esencial para ese mito nuestro, para la historia de nuestra humanidad, es como si de algún modo necesitaramos la oscuridad de los meses de invierno para llenar nuestro espíritu tanto como la luz, la energía y el calor del verano.

Recuerdo muy bien las largas horas de oscuridad desde noviembre hasta marzo. Íbamos a la escuela de noche y volvíamos a casa en la misma oscuridad. Cuando nos levantabamos había hielo dentro de las ventanas, podías rallar la superficie con la uña. Nos vestíamos bajo las sabanas y después bajo capas de ropa de lana recorríamos las fantasmales calles entre la heladora niebla, con el traicionero hielo bajo los pies y mirabamos admirados como colgaban los carámbanos de los puentes de las vías férreas.

Recuerdo la nieve blanda caer en tantas oscuras mañanas invernales con mi padre en su ronda de reparto de leche. A menudo eramos los primeros en pisarla cuando caminabamos silenciosamente por las calles vacías y los primeros en dejar nuestras huellas en las aceras y en los jardines, con el ruido de las botellas de leche en nuestras manos amortiguado por la silenciosa nieve. En lo que quedaba del día, el sol apenas se vislumbraba, tan sólo un frío disco color amarillo elevado sobre los árboles desnudos y los tejados blanqueados de la ciudad.

A veces en una noche de invierno me las ingeniaba para estar sólo en la sala de la planta baja de nuestra heladora casa Victoriana. Manteníamos el fuego del carbón allí, nuestra única fuente de calor apagaba su luz y se asentaba al borde del guardafuegos, tenía entonces que desatascar las brasas y los restos del fuego, con la habitación llena de sombras en movimiento. Allí era libre para imaginar espíritus y fantasmas, el Invierno, más que ninguna otra, era la estación de la imaginación, de mágicos paisajes transformados y los misteriosos silencios de la nieve.

Más tarde aquella noche en la Toscana, el viento seguía aullando fuera, le pregunto a Kathryn si conoce alguna canción de Newcastle que se adapte a este proyecto. Ella me dice que cuando era pequeña su padre solía cantarle una canción llamada “The snow it melts the soonest”. No la conocía, pero ella y Julian pacientemente me la enseñan. La canción, como los páramos de Northumberland en invierno, tiene algo característicamente lóbrego, claramente hermoso. Mientras la canto, siento una rara punzada de nostalgia.

sábado, 24 de octubre de 2009

INTRODUCCIÓN AL ÁLBUM (1ª PARTE)


UNA REUNIÓN INVERNAL

Es Febrero de 2009, un frío e incesante viento hace traquetear puertas y ventanas mientras envuelve la vieja casa que está sobre una ladera toscana. Rodeada de cipreses que encaran ergidos la acometida invernal, la casa ha sido muy hogar y la estancia de mi retiro durante la última década. En verano, su elevación nos da un respiro de las abrasadoras temperaturas cerca de Florencia, pero en invierno experimentamos el implacable viento que desciende desde el Norte hacía la península a través de las expuestas colinas toscanas.

Siete músicos, envueltos en bufandas y abrigos, instrumentos descansando sobre las rodillas, sentados alrededor de la chimenea de la cocina, tomando tazas de té caliente, tratando de obtener algo de calor en sus dedos. Muy cerca de mí está Kathryn Tickell, una intérprete de música tradicional de mi ciudad natal, Newcastle. Su gaita Northumbriana, al igual que su violín, han engrandecido cuatro de mis álbumes desde primeros de los noventa. Cerca de ella está sentado Julian Sutton, otro músico tradicional de Newcastle, que habla muy poco, prefiriéndo expresar su elocuencia a través de las teclas de su amado Melodeón. A mi derecha está mi colega de largo tiempo y guitarrista Dominic Miller, mi mano izquierda y derecha durante casi dos decadas. Su presencia, a la vez que su paciencia con mi crítica indecisión, es tan reconfortante como tranquilas son sus manos. Mary MacMaster, harpista celta de Escocia, sentada sonriendo en el resplandor de la luz del fuego, afinando pacientemente la cuerdas de acero de su instrumento entre sorbos de té.

Conocí al violonchelista Vincent Segal el año pasado mientras trabajaba en la Ópera de Steve Nieve “Welcome to the voice” en el Teatro Châtelet de París, Vincent toca de todo, desde los ritmos de la bossa nova hasta los preludios de Bach. En el Châtelet también conocí a Ibrahim Maalouf, un excepcional trompetista libanés. Él es otra calmada alma que se sienta tranquilo mirando a mi perro Compass, tumbado en la esquina de la chimenea: Compass devuelve la mirada con otra que es a la vez vigilante y despreocupada. Por último está Daniel Hope, más en casa en las salas de conciertos de todo el mundo que en una cocina de alquería, pero muy contento de estar entre este variado conjunto musical – y de poder improvisar de manera más informal que la mayoría de nosotros fuera del mundo clásico y de los arreglos musicales.
Cada uno de nosotros va a explorer las piezas elegidas, hasta que las hebras separadas se entrelacen – un proceso que, supongo, es mi trabajo: una tarea que estoy felíz de compartir esta vez con Bob Sadin, productor de Nueva York, arreglista y director de orquesta. Bob está de espaldas a la sala, frente a la ventana observando las inclemencias del tiempo, su gorra está de forma permanente en la parte posterior de su cabeza. “¿Empezamos?”, dice, aún dándonos la espalda. “Parece que hemos sido recompensados con el tiempo apropiado”. ¡Ah, sí!. Para los que estamos aquí reunidos para celebrar y explorar la música del invierno, la estación de las heladas y las largas noches oscuras.